Una mariposa ha cobrado vida en nuestro laboratorio del instituto. Y es que han pasado casi 4 meses desde que en octubre algunas de nuestras alumnas observaran que algo raro estaba anclado a una papelera del hall, parecía una oruga, la trajeron al laboratorio y resultó ser una crisálida, de una mariposa “blanquita de la col” (Pieris rapae), en plena transformación.
Nos ha acompañado en las clases, escuchándonos, ha oído las partes del sistema nervioso o los tipos de ojos en la naturaleza, y ha soportado algún que otro meneo, que seguro no la hacía sentir sola. Teníamos la esperanza de ver algún día salir de ahí una mariposa, renacida de su metamorfosis, con otra forma y una belleza infinita.
Y hoy alguien exclamó: - ¡Profe, la crisálida está abierta! -.
El profe casi incrédulo, contestó: - ¿Seguro?
-Sí, la mariposa ha salido, se ha ido, no está.
Pero la mariposa estaba allí a tan solo dos centímetros de su crisálida, quieta, impasible, como quien se ha perdido para siempre y no encuentra su sitio.
La alegría inundó la clase. Se movía y aleteaba, la naturaleza cumplió su cometido.
La decisión estaba tomada, había que liberarla, dejarla volar, necesitaba hidratarse y nutrirse, después de tantos días, sorprende que estuviera viva.
Y partió a observar el mundo tras su metamorfosis, se renovó, tras un tiempo de paciencia, adquirió nuevos superpoderes, ¡ahora puede volar!, su perspectiva del entorno ahora es totalmente distinta.
Y es que, el realismo de la naturaleza nos conecta a la vida, nos hace leer entre líneas.
Nuestros alumnos y alumnas, siempre en continuo aprendizaje, están aún en esa crisálida que llamamos adolescencia, se están transformando, superando retos, alegrías y frustraciones, y, por supuesto, adquiriendo sus superpoderes, que son muchos.
Observarán el mundo con otra perspectiva, con otros ojos. Y pronto, ya que el tiempo es relativo, como la mariposa blanca, volarán.
D.P.


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